Obra: Mujer Árbol Guanacaste de la serie: Mujer Madera Guanacaste.
En esta obra, la figura femenina emerge como una personificación de Guanacaste: mujer, árbol y territorio convergen en un mismo cuerpo. Su presencia evoca la madera del árbol de Guanacaste, mientras el tradicional sombrero sabanero establece un vínculo inmediato con la identidad cultural de la provincia.
El árbol de Guanacaste (Enterolobium cyclocarpum), declarado Árbol Nacional de Costa Rica el 31 de agosto de 1959, adquiere aquí una doble dimensión simbólica: representa al país y, simultáneamente, honra a la provincia cuyo nombre lleva. Su incorporación remite además a la memoria histórica de la Anexión del Partido de Nicoya y al profundo sentido de pertenencia que caracteriza a la cultura guanacasteca.
La transformación del cuerpo femenino constituye el eje poético de la composición. Su mano deja de ser únicamente humana para prolongarse en una rama del árbol, desdibujando los límites entre persona y naturaleza. Sobre ella juguetea un mono aullador —el congo, como lo llamamos en Costa Rica—, una presencia profundamente reconocible dentro del paisaje guanacasteco.
En su otra mano, la mujer sostiene el fruto del árbol de Guanacaste, conocido popularmente como choreja. Su característica forma curva, semejante a una oreja, remite al origen náhuatl de la palabra Guanacaste, derivada de cuauhnacaztli, “árbol de la oreja”. El fruto se convierte así en una pequeña clave para leer la obra: en la palma de la mujer descansa no solamente una semilla, sino también el origen de un nombre, una memoria y la posibilidad de continuidad.
La obra propone una relación simbiótica entre mujer y territorio. Ella no contempla el paisaje desde afuera: ella es paisaje. Su cuerpo contiene la memoria del árbol, la tradición del sabanero, el fruto que da nombre al territorio y la vida silvestre que lo habita.
A través de una paleta contenida de tonos tierra y neutros, interrumpida por verdes y acentos rojizos, la composición construye una interpretación contemporánea de Guanacaste que evita la representación meramente costumbrista. Sus símbolos son transformados y reunidos en una figura imaginaria que habla de pertenencia, memoria y arraigo.
Más que representar Guanacaste, la obra busca expresar lo que significa pertenecer a un territorio hasta sentir que su naturaleza, su historia y sus símbolos también forman parte de nosotros.
Tamaño
28x33" / 72x84cm
Técnica
Acrílico sobre lienzo
País de origen
Costa Rica
Año
2026